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Daniel Rodríguez
{ "tags" : [ "analysis" , "economy" , "society" , "spanish" , "thoughts" ] , "title" : "Izquierda, derecha, izquierda, derecha." }

El socialismo busca distribuir el capital en la sociedad, en ese sentido es una ideología basada en la cooperación, asume que todos cooperarán por ser mejores, mientras que el capitalismo defiende la propiedad privada, en ese sentido, su premisa es que cada individuo es responsable de sus actos y por ende, ellos entienden que no pueden estar con personas que no aportan, pero se vuelven más utilitarios y pierden un poco lo humanitario: «Antes de hacer negocios, tienes que demostrar que gracias a ti tendremos ganancias». Esto tiende a sacar de las cuentas a los viejitos, a los pobres y a todos los que representen gastos. Una vez que van ganando los utilitarios, se comportan como intelectuales adulados y se les olvida la autocrítica, se les olvida que ellos también son ciegos al futuro. Por eso es que la educación crece más en países con estudios subsidiados (e.g.: Finlandia), con la grán diferencia de que ellos tienen como característica una cultura de principios de cooperación y trabajo muy sólida, que garantiza que esas medidas funcionen. Allá, no hay futuro ni estudios si tu población no puede cumplir sus necesidades básicas, lo cual es razonable.

Podemos comprender y justificar al capitalismo cuando entendemos que su inherente competencia viene de una cultura post-guerras y colapsos, en la que los trabajos escaseaban y sobrevivía el que demostraba ser más exclusivo. La industrialización de la producción y la defensa de la propiedad privada se extendió hasta formularse luchas corporativas, que alcanzaron poderes mundiales, hasta intentar devorarse unos a otros, para evitar futuros riesgos (pérdida de clientes, etc). Cuando ese comportamiento llega a representar un abuso con quienes intentan surgir, empezamos a preocuparnos, y ya que a muchos les preocupa, es evidente que eso es lo que está sucediendo. ¿Qué lo fomenta? yo creo que, lo que hace que todo proyecto se vuelva dañino, es la incapacidad de evolucionar, el estancamiento; quizás empezamos a creer que el fin justifica los medios cuando nos constituye una educación deteriorada.

Con una educación utópica, en una sociedad sin resentimientos, donde todos vean el beneficio de trabajar y busquen aportar de manera distinta, sin competir, funcionaría el dicho de “el todo es más que la suma de las partes”, y sería un estado de cooperación perfecto, que terminaría en todo caso en la abolición de la propiedad privada, del gobierno (hablamos de utopías) y por ende, de estas estrategias económicas correctivas. Sería anarquismo puro, quizás viable, pero no con humanos, o por lo menos no todavía.

Entre las pocas cosas que he aprendido de matemática, está el concepto de superaditividad: El todo es mayor a las partes sólo si las partes pueden trabajar sin interferirse entre ellas:

S ∪ T ≥ S + T iff S ∩ T = Ø

Creo que el socialismo no fracasa porque es un escenario estático (como algunos consideran), se estancan la izquierda y derecha cuando deambulan del lado opresivo (por ejemplo: comunismo). Las medidas fracasan por confiadas, sea porque te impones o porque eres muy permisivo, cuando no analizas la realidad de tu gente y a qué le son débiles, te rodeas de corruptos. Es inhumano no tomar en cuenta a los "desatendidos" porque ellos representan un valor útil para la sociedad, por ejemplo, muchos no pueden estudiar en universidades privadas porque no tienen como, en un sistema capitalista del todo, no serían tomados en cuenta: Trabaja y pagate tus estudios. Por eso el socialismo gana votos, tanto de los que tienen mente de pueblo (en vez de aspirar pertenecer a una ciudadanía) como de los intelectuales, porque les ha salvado el pellejo a muchos, que no tienen que acarrear con las malas decisiones económicas de sus antecesores, sino que pueden optar por privilegios "de gracia".

Es necesario que haya ayuda social, en especial educativa, porque como bien sabes, son pocos los que logran hacer cosas realmente trascendentes, así que es beneficioso aumentar esa población para incrementar los resultados (estadísticamente hablando). Ahora, no es que hagan falta impuestos para eso, en Finlandia se invierte mucho menos (porcentualmente) del presupuesto del estado en educación, en comparación con otros países (e.g.: EEUU) (Cumulative cost per student in USD (2006)). Lo que quiero decir es que, nada es perfecto, hay que considerar todas las opciones, porque lo importante es encontrar soluciones que sean efectivas para la realidad del venezolano, y estas pueden estar en cualquier rama de estudios; está bien tener una postura, pero no nos cerremos a ver los beneficios de otras.

Habiendo expuesto estos puntos, resalto uno de los comentarios recibidos:

Importante señalar, además, que es sumamente necesario aplicar una fórmula vital para la verdadera intelectualidad con respecto a la situación y posible solución para nuestro país: todas las soluciones deben derivar de la realidad en el tiempo (pasado, presente, futuro) y lugar (Venezuela) justo del problema. Es erróneo intentar comparar una nación tan diferente a la nuestra; con otras realidades, con otra historia, con otra cultura. Venezuela ha fallado mucho en ése sentido: buscamos copiar otros modelos pensados y creados (en función de la fórmula que mencioné hace unas líneas atrás) para otros países. Nos hacen falta verdaderos intelectuales y políticos. Y creo que podremos lograrlo en nuestra generación. Será una ardua pero necesaria labor. Informarse sobre la historia de Venezuela, leer nuestros antecedentes intelectuales, buscar el principio de los orígenes de cada palabra; en fin... hay mucho en qué concentrarse con respecto a nuestro país como para compararlo con otros países.
— Cesar Felipe Malpica Garcia.

∙∙∙

Este post surge de discusiones ocurridas en las redes sociales, específicamente de las siguientes:


Muchas gracias a Stefan por animarme a publicarlo y muchísimas gracias a ustedes por leerlo, un gran abrazo.

by-nc-sa Daniel Rodríguez.
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Estos jardines ya no son el alma de la casa. La fruta podrida, el alma envuelta en hojas, el extranjero con su marca en la frente. La casa ya no es el centro de la vida. El ojo se pierde, edén justifica su independencia, troncos que juegan a rozarse, la desnudez del estado sólido, la voz se libera del crimen, lentes convexos que agonizan entre el dominio totalitario del gusano. El cuerpo ya no es un lugar seguro para el alma. El pulso de un electrón es la única dimensión posible para los que sobreviven. Alguien hablaba, mientras el clima seguí­a llorando y el jardín seguía sufriendo pero eso ya es arena de un costal que yace tirado en otro poema.

Con eso me sorprende mi gran amigo @pomontty por el WhatsApp hace unos días. No es fuera de lugar para nosotros escribirnos fragmentos de inspiración que no encuentran sitio en otro medio, así algunos compañeros compartimos visiones de lo cotidiano, que de otra manera serían intransferibles.

Le pedí además una recomendación musical, para darle atmósfera al artículo, y me recomendó: Endless Fight de Gustavo Santaolalla. Una grandiosa melodía para un largometraje tremendo.

Lo planto aquí en agradecimiento, a él por su trato y a ustedes por su asistencia. Si encuentran un momento, vayan a visitarle:

by-nc-sa Daniel Rodríguez.
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Y, pasó...

Era una de esas tensas pero interesantes tardes, me encontraba reunido, definiendo algunos aspectos sobre el proyecto vigente, cuando abren la puerta y comunican:
¡Se murió el presidente!

El corazón se me aceleró y me preocupé, pero más de eso no fue. Para la fecha ya resultaba evidente que el estado degenerativo del presidente sería concluyente. En lo personal sentí un profundo irrespeto por parte de las autoridades, que procuraban el escepticismo ante las teorías «desestabilizadoras» que anunciaban el posible fallecimiento del ejecutivo. Si bien es cierto que los medios son sensacionalistas como sólo ellos saben serlo, en lo personal: cuentas claras conservan amistades, y es evidente que parte de la estrategia era calmar las aguas en base a desinformación.

Durante las semanas anteriores, por motivo del perturbado estado de país, nuestra sociedad había practicado ya el (tan repetido) arte de entrar en estado de emergencia y comprar todo lo que pudiesen conseguir (si es que lo consiguen). Por lo que el panorama de regreso a casa estuvo adornado de congestiones vehiculares rodeando a las estaciones de servicios (para sacar toda la gasolina que pudiesen) y los super mercados (?gasol<CR>cwcomida).

Sin embargo, no fue ese mi paradero, había consultado ya con mi familia y decidimos permanecer en calma, lo más probable es que nada habría de suceder, concluimos. No se si nos acostumbramos a la incertidumbre o nos rendimos ante la impotencia, pero la parsimoniosa paranoia que padece nuestro pueblo ante los rumores es, sinceramente, preocupante.

Todo es caro, nadie quiere trabajar

Curioso es para mi ver cómo la devaluación acelera los flujos económicos, aunque no es ilógico, si ustedes ven que sus vecinos están construyendo pisos nuevos, comprando carros o mudándose es porque, a penas consiguen el dinero, se dicen: “Si espero más, costará el doble”.

Nosotros, por otro lado, llevamos diez años queriendo construir el segundo piso de la casa y no hemos podido, a pesar de que mi familia tenga una empresa privada (¡Tiemblen, vasallos del estado! ... lol) y los tres seamos ingenieros (yo casi). Es que en definitiva, hay maneras más fáciles de conseguir dinero que tratando de innovar mediante la economía nacional: Ustedes pueden dedicarse a la compra-venta de instalaciones o maquinaria, al poco tiempo se habrán revalorado, o mejor, la fecha de entrega de vehículos es tan larga que re-venderlos recién comprados puede implicar ganancias. También es posible importar artículos electrónicos, juegos, y demás, para venderlos a lo que pide el mercado, con peripecias así, sé que es posible conseguir una remuneración bastante superior a la inversión realizada, pero ¿innovando? es bien difícil.

Partiendo por el hecho de que un programador profesional puede estar ganando entre 6 y 8mil bolívares mensuales, pasados a dólares (tasa oficial, usando 7mil mensuales), anualmente serían: 13.345,92$, nada que ver con el promedio mundial de 93.000$ (Para programadores de Python) (Más aquí: indeed), si se han estado preguntando: ¿Dónde están nuestros programadores? evidentemente, no están aquí.

Si les interesa ver la lista actual de desarrolladores venezolanos reportados, dirigirse a: https://docs.google.com/spreadsheet/ccc?key=0AqG4D-yLkEU5dEIxRHNiTWpUVjVqQjV2QVZYSFdUamc#gid=0

Le he comentado esto a algunas personas que buscan desarrolladores o que tienen equipos nacionales y me han llegado a decir: “Pero es que no todos tienen el privilegio que tu tienes de saber ingles”, ¿Qué tiene que ver? Todo el conocimiento está en línea, solo hay que practicar, además, mi mentor en programación durante los primeros años de mi carrera fue un chamo de mi edad que había programado desde los 12 años y que no sabía inglés (de hecho, no se ha molestado en profundizar en el asunto). Si de niños supimos jugar consola sin entender nada de lo que aparecía en los textos, no es tan inverosímil considerar que es posible que hayan quienes aprendan a programar sin saber el idioma, todas las palabras y símbolos son bloques, ¡como legos!, probando una y otra ves logramos ver qué pasa y en base a eso, construimos.

De hecho conozco a hackers de Colombia y México que han sustentado sus estudios, sus vidas y ayudado a sus familias gracias al conocimiento libre, trabajando como freelancers mediante recursos como oDesk. ¡Sí se puede!

Cochino dinero

Considero que las regulaciones económicas deben ser pensadas como medidas correctivas, no quedarse estacionarias, además, deben basarse en estudios exhaustivos, pero ni así se lograrían suprimir las filtraciones. El dinero es un fluído (bien abstracto), por lo que es sumamente difícil mantenerlo restringido, se colará como cuando intentas amarrar el agua con las manos. El mercado local sabe que por fuera hay menor resistencia al flujo de efectivo, y por ende, se escapa. Quizás con un bloqueo absoluto (tecnológico o militar) podríamos ejercer tanta presión como para mantenerlo estático (¿De qué sirve el estancamiento?), de todos modos los ejemplos históricos han resultado fatales (1, 2, 3 y 4).

Para los que se quejan del dinero,
¿Sabían que la primera aparición de los números fue gracias al dinero?

Aquí pueden leer más sobre cuánto importa esta tecnología y cómo resulta inevitable.

Como se que nos gusta investigar, aquí hay otros enlaces interesantes:
- Economía Compleja.
- Econofísica.

Sobre los logros

Si bien no soy historiador, ni economista, ni politólogo, ni analista de ningún tipo, aprovecharé este lugar «reservado», la libertad de expresión que tenemos en el país y la neutralidad de internet, para expresar mi percepción sobre los logros del Comandante.

El gobierno que ahora trasciende con un nuevo personaje, tuvo unos cuantos resultados favorables, los cuales se enfocaron en brindar oportunidades a los sectores de bajos recursos con planes educativos y de financiamiento, logrando así reducir el porcentaje de pobreza extrema. Adicionalmente, reivindicó a los insurgentes de períodos pasados, quienes apoyaban a Cuba ante las extremas medidas internacionales que dejaron en aislamiento económico a la isla vecina durante tiempos no menos difíciles. También de quienes se oponían a las acciones económicas de recesión que motivaron al Caracazo.

A todas estas, el Presidente Chávez queda para la memoria del mundo como héroe de los sectores populares, en definitiva otra figura ponderante para la izquierda, que recurre a él sin comedirse. Fue un hombre respetable y decidido, con mucha voluntad por lograr cambios y sin lugar a dudas, un gran estratega militar. Nunca le conocí, sin embargo hay lecturas que pueden ilustrarnos su carácter, fuera de su oficio político, tal como las conversaciones que mantuvo con García Márquez en los inicios de su primer mandato (1999).

¿Fue quizás su decisividad por un cambio lo que le cegó a medir sus efectos para con todo su pueblo?

Sobre las inconsistencias

Lo cierto es que, personalmente, sólo he podido observar un continuo desmejoramiento de los servicios. En estos días no he dejado de contar la experiencia de mis abuelos, por parte de mi madre, mi abuela fue repostera y mi abuelo carpintero, se casaron con unos cuantos años de diferencia, sin embargo ella estaba en su adolescencia, con prontitud empezaron a tener hijos y llegaron a la suma de 5. Me cuentan que a veces no tenían como comprarle zapatos a los niños, pero eso no les desmotivaba en lo absoluto, trabajaban día y noche para ofrecer servicios de calidad y ahorrar lo suficiente como para llevarlos a todos a la universidad, bien vestidos y alimentados.

De parte de mi padre, la historia de mis abuelos es similar, venían de familias sencillas, mi abuelo fue policía y mi abuela enfermera, de mis abuelas y de sus hermanos ella fue la única en graduarse, ¡con mucho esfuerzo! después de haber tenido sus hijos. Mis abuelos trabajaron y se hicieron excelentes profesionales, garantizando buenas oportunidades para sus hijos.

Desde entonces, las universidades han estado subsidiadas por el gobierno, así mismo los hospitales y el resto de los servicios. Era posible andar en paz en los barrios, sin miedo, incluso (como cuenta mi madre) viviendo cerca de malandros y drogadictos. En aquel entonces, todos se respetaban.

Mis abuelos lograron conseguir buenas viviendas donde vivir, bastante más cómodas que las casas por las que pudieron optar sus hijos profesionales. En esas viviendas grandes y viejas pasamos la infancia todos sus hijos y nietos.

Así pues, muy a mi pesar, no he podido apreciar los beneficios que ha logrado la revolución, ya para entonces comentan haber estado relativamente bien, había seguridad, se podía confiar en el trabajo propio para crecer, cosa que pareciera no bastar hoy en día. Para mi y para gran parte de mi familia, más han sido los impedimentos. Desde los problemas con el estado por haber firmado que opinamos distinto, pasando por los apagones (casi diarios), que no pasen los camiones de basura, que no llegue agua a la casa al menos 5 veces al año por períodos semanales, que nadie en la urbanización tenga cómo pagar la miserable cuota para mantener la vigilancia o las rejas que ahora todas las calles tienen que colocar para evitar saqueos o secuestros. A nosotros nos han asaltado tres veces, pero sentimos que hemos tenido suerte, a algunos de mis vecinos y amigos les han saqueado, o los han secuestrado estando al frente de sus casas, personas del mismo barrio, para que paguen el secuestro en otra calle, pero nadie, nadie sabe a qué autoridades acudir, ¿Sabes que dicen con esos casos? Que son ocasionales y que nada pueden hacer, están demasiado ocupados con homicidios.

Es que, me he puesto a conversar largos ratos con mis amigos e incluso hemos llegado a pedir auxilio a los logros de Juan Vicente Gómez, quien fue capaz de pagar toda la deuda externa del país hasta entonces. A pesar de su dictadura, pareciera un ejemplo a seguir, ¿A cambio de la libertad? Tener que aplaudirle es, sin duda, un asunto complejo.

De cualquier manera, el presidente se alzó para defender a una minoría insurrecta, que ahora pasó a ser mayoría, tienen todo el poder y los insurrectos somos quienes pensamos distinto, para colmo: Nos acusan de ser todos iguales, de querer conspirar para desestabilizar la tan estabilizada revolución, de ser lacayos del imperio y además nos amenazan, diciendo que "no nos equivoquemos". Insurrectos contra insurrectos, golpistas contra golpistas, ¿Qué hemos aprendido?

El problema de la oposición

Está dividida entre partidos viejos y nuevos, jóvenes y no tan jóvenes, pobres y ricos, de cualquier religión (o sin ella), con ideales de unificación o en contra de la unión de ideales, de izquierda y de derecha, de quienes quieren protagonismo y quienes bogan por el trabajo, de clientelismo y también de populismo, lo único que nos une es la incomodidad ante la falta de dialogo con el otro movimiento (por las razones que sean) y el extremo ventajismo, porque es cierto: el gobierno tiene la mayor parte de las televisoras nacionales, tiene los recursos para decidir a cuales pone en alto y a cuales baja del pedestal, además se ha encargado de desintegrar (mediante expropiaciones y/o sanciones) a quienes les parecieron amenazas para la revolución.

Así mismo, hay razones suficientes para decir: al carajo con la oposición, ¿Pero qué hacemos? Si estamos sumergidos en amenazas y los canales del estado viven todo el día metiendo el dedo en la llaga histórica, el sensacionalismo mediático cambia los nombres, pero sigue el guión atractivo e injusto de siempre.

El pasado no es la solución, pero el presente no ha logrado cumplir con los objetivos, el pueblo también está molesto e insatisfecho, también vive en situaciones precarias, con malos servicios y mucha violencia en las calles, los medios fueron censurados para no recordarnos diariamente lo que sucede, ¿Se acuerdan del asunto de las microondas? ¿Creen que no han habido saqueos estos días? Nada tan llamativo, nada tan radical como antes pero si vamos bajando lentito, no sentimos el golpe.

Personalmente, lo que más detesto es habernos sometido al término “oposición”, ¿Oposición a qué? Sólo queremos que nos escuchen y que las cosas funcionen, somos venezolanos y amamos a nuestro país.

Moral y luces, ¿Dónde están?

La historia nos puede dar ejemplos tétricos que se asemejan al nuestro. Tenemos al partido de trabajadores de Corea del Norte, con su Presidente Eterno, hoy en día amenazando otra vez con una guerra nuclear a sus hermanos de Corea del Sur. El Nacional Socialismo de la Revolución Social Alemana en los años 1933 - 1935, dirigidos por su Comandante en Jefe (Führer), liderando la Batalla del Pueblo (Volkskrieg), contra pueblos hermanos y contra hermanos judíos; o el Racismo Tibetano mostrado por La República Popular de China y los casi 2 millones de contrarrevolucionarios mandados a ejecutar por su Líder Supremo.

Bullies de ayer y hoy presentan...

Mis buenos amigos de Twitter dicen que estamos en presencia de una mitogénesis, y los seguidores del presidente lo confirman, equiparándolo con un Dios en el que tampoco creo. Mi figura favorita sobre el Comandante Chávez es la de una persona del pueblo que logró escuchar a sectores antes silenciados, sin dejar de ser uno de nosotros, y no hay postura más antagónica a esa perspectiva que la de deidad. Él fue uno de nosotros, él se animó a lograr cambios y los hizo posibles, pero nosotros también podemos, sólo si acordamos pensar de esta manera lograremos seguir con movimientos realmente revolucionarios de cambio, sabiendo que tú y yo podemos participar en el futuro que queremos.

Al menos, al conversar con mis amigos afectos al gobierno, llegamos un punto en el que concluimos que con cariño y buscando siempre ayudar a nuestros hermanos venezolanos, nos sentimos todos mejores y poco a poco hacemos posible desvanecer la brecha política, mientras nos comunicamos.

Por Venezuela, ¡un abrazo!

A quien tuvo el gesto de conversar conmigo sobre nuestras posturas distintas en cuanto al régimen, le pregunté:

Viejo, lo mismo te digo, mira, cuando hay un problema en la familia en el que dos opinan distinto, ¿Cómo lo resuelves?
@sadasant

Me respondió:

Intento dialogar con mi hermano, le muestro mis argumentos, lo escucho, y intento entender su posición.
@NeftaliYagua

¿No les conmueve la sencillez de la solución?, pensar las cosas con calma y saber que somos hermanos y que el futuro depende de todos.

Poco tiempo después, fue él mismo quien empezó con una propuesta de lo más descabellada, pero ejemplar. A Neftali se le ocurrió levantar un documento compartido para que cualquier interesado se acercara y escribiera qué quiere que haya en su país. Por eso, les doy la bienvenida, al: Enunciado de Misión para Venezuela.

Hemos pensado que, una vez terminado, se envíe al presidente en ejercicio, por lo menos para proponer ideas :)

Lecturas Relacionadas

by-nc-sa Daniel Rodríguez.
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Veía clases por internet mientras la noche me engullía. Sentía algunas angustias, algunas dudas, de esas que la vida te pide que le sostengas. Mi abuela llegó y se puso a dormir, pero no sin contarme antes sus opiniones sobre los asuntos de la vida, además de algunos recuerdos varios. En silencio entré a Twitter, pensando en las conversaciones (1, 2, 3) con las que minutos antes me había conseguido. Pensando en noticias sobre avances científicos y otras sobre corporaciones tecnológicas. Pensando en concentrarme en la bendita tarea de criptografía que debía hacer si quería progresar (el regaño es conmigo). Decidí seguir con algunos videos de la materia y llegó el punto en el que, entre mis audífonos y la oscuridad, me noté desvanecer y dejar mi cabeza hacer papel de manzana de la gravedad. Era hora de dormir. Arreglé el mueble y me zambullí entre las sábanas. Me hice espacio entre mis martirios para conciliar el sueño, y así, me dejé abrazar por las sombras.

Desperté a las siete de la mañana del Sábado, turbado por una intriga que en mis sueños había cobrado vida, di varias vueltas, como probando los fulgores del día, colados a través de la cobija, me estiré como pude y volví a conciliar el sueño.

Desperté en una gran habitación, pero adormecido, me incliné, caminé al baño, sintiendo la alfombra debajo de mis pies, luego cerámica y frente a mi un espejo, un yo, con barba de varios días, cabello corto, lentes, piel café con leche y un poco más de relleno en el abdomen. Me lavé el rostro y me vi rasgos más rústicos, pero no le di importancia, debía acelerar el paso para llegar al trabajo.

Luego de un baño a temperatura ambiente, dejé el blanco para cubrirme con telas más coloridas y oscuras, terminando en una chaqueta azul y verde. Caminé hacia el exterior, con los equipos ya a la mano (y las llaves, por supuesto). Sentí el frío clima invadirme y procedí a montar un vehículo de grandes ventanas y pocos asientos. Arranqué.

Ya en camino, las calles y aceras tan amplias como arboladas me indicaban que definitivamente estaba en el norte. ¿En qué parte? Mi intuición me hizo sacar el celular y colocarlo cerca del retrovisor, tocar algunos símbolos y decir en voz alta un nombre de alguna institución que terminaba en “lab”, recibiendo como respuesta, en perfecto inglés: “a cuatro millas, manténgase a la derecha y gire a la derecha, en la avenida 134”. No tuve que mirar mucho el aparato para avanzar, ni siquiera oirle, en mi cabeza solo cabían acertijos, sobre químicos, reacciones y sus relaciones con la electrónica digital, poco lograba deducir de mi propia inercia de pensamientos pero comprendí, en líneas generales, de qué se trataba, y sin embargo más importante era descubrir mi directa responsabilidad en la culminación de un proyecto a entregar en dos semanas, para un lanzamiento que ocurriría mes y medio después.

Un tanto nervioso, llegué al aparcamiento y caminé hacia las instalaciones. Me recibieron dos vigilantes, puertas de vidrio de dos metros y medio y una sala de recepción redonda, iluminada por luz natural amplificada con esculturas cristalinas. El piso era muy liso, incluso resbaladizo. Avancé hasta el final de una de las vertientes y saludé a los guardias. Se abrió una puerta e ingresé en un cuarto pequeño y oscuro. Se cerró atrás y se abrió otra adelante. Para salir debía inclinarme. Estaba en otro espacio, más opaco y amueblado; un hombre comía tallarines frente a una gran pecera, con corales danzantes y peces curiosos, caminé hasta dejarlo atrás y llegar a un borde inclinado, le hice frente a una puerta, coloqué mis manos en una superficie, me saludó una voz desde enfrente, le saludé con tono sumiso y agradable, me dejó entrar por una escalera a un cuarto semi-iluminado. Se cerró la puerta y se encendieron las luces, el lugar era gris claro, tenía luces blancas, luces verde-amarillas tenues y luces azules en donde habían dispositivos. Puse el bolso sobre una mesita aparte y saqué el computador y un llavero de memorias electrónicas, tomé asiento en una silla de cuero, alcé del llavero una de las memorias y la inserté en el lateral de mi laptop. La encendí y apareció el logotipo del laboratorio. Me pidió que ingresara el identificador personal, me toqué el cuello y saqué un collar largo de cuero, agarré el dije y lo inserté en una de las ranuras, arrancó y me volví a acomodar.

Llegó alguien más al laboratorio, era un joven catire, barbudo también, me dijo “qué hay” y repitió el proceso que hice.

– ¿Cómo va?

– Las pruebas van bien, aún me intriga lo probable del enésimo dígito luego de las rondas sinápticas.

– Sí, escuché que el otro equipo está en las mismas, dicen que se puede solucionar con algún estímulo adicional.

– ¿Hablas de hormonas o de golpes en la cabeza?

– No sabría decirte, ja ja, pero entiendo que es algo artificial, como tomar café, ¿Vale?

– Pero... es que tiene que haber otra manera.

– Sí bueno, ¿Seguimos con las pruebas?

– Adelante.

Las siguientes horas pasaron como rutinarias, me contaba un pana, «Carabina», que los peruanos en las montañas recorren un par de horas sobre riscos para ir y venir del liceo, supongo que es similar.

La cafetería quedaba a cierta distancia. La quietud de los pasillos era perfecta para escuchar melodías de piano. Las miradas concentradas, la vigilancia calmada, en todos lados. Los platos eran genéricos, aunque la variedad era suficiente para no notarlo. Reíamos mientras contábamos sobre cómo iban nuestras familias. Regresamos a la oficina, recuerdo los nervios de los siguientes días, y la autopista, recuerdo muchas pantallas de pruebas, arreglos, dibujos en papel digital, sobre fórmulas, sobre figuras varias, pero finalmente, un viernes de llovizna temprana, el último día, llegué a donde quería en el papel, se podía evitar sumar estímulos artificiales con emociones reales, quizás provocadas por el sistema que dialogará con el usuario. Fui a la oficina de mi jefe y le comenté pero dijo que ya el trabajo del otro laboratorio estaba adelantado y que además era una oportunidad para hacer alianzas con alguna de las grandes corporaciones de bebidas carbonatadas, me subió el dolor de cabeza, pero ¿Qué podía hacer?

Salimos a tomar un café al aire libre, luego del trabajo. El atardecer se acercaba y el viento siseaba. Nuestros ojos cansados expresaban más que las palabras. El viaje era en dos días y el producto saldría sin el procedimiento natural. Nos dimos unas palmadas y regresamos, cada quien a su hogar. El día antes del viaje hice las maletas, llamé a varios amigos y nos reunimos cerca de las seis en un bar de la zona. Llegaron casi todos a tiempo, lo bueno era que todos trabajábamos en áreas distintas, así que las conversaciones eran amenas y cargadas de ideas complejas, siempre teniendo en cuenta los acuerdos de confidencialidad firmados. Poco más tarde llegó un viejo amigo de la institución, con su desdén usual, medio perdido, como era de costumbre. Nos tomamos un trago y siguió la calidez por unas horas, los abrigos eran más que necesarios a esas horas, el bulevar ya estaba lleno de su fauna celestial, hombres de negocio y deportistas tatuados, vagabundos, yesqueros y celulares brillando, transgéneres y familias, andando sin importancia, buscando dónde comer. Siempre me sorprendía el silencio general, a pesar de cuanto se conversaba, era muy distinto a Venezuela.

Llegué, tarde, lancé todo a un sillón y me zumbé a la cama. La alarma ya estaba puesta. Sonó y tocó luchar contra mis párpados sumados a una medio resaca, medio fingida. Tomé mis cosas y a la entrada de mi hogar estaba una camioneta con el logo de la institución. Entré, había que buscar al equipo, aproveché a sacar la laptop para responder correos (nada como un teclado real para escribir). Dentro, la iluminación era tenue, siempre agradable. Conversamos un tanto y en las faldas del aeropuerto bajamos maletas, avanzamos por puertas y corredores, todo automático como de costumbre. Tomamos un café. Presentamos credenciales. Aquí la vigilancia era un poco más atrevida, pero no inusual. El servicio era excelente. Abordamos y decidí tomar una siesta.

Arribamos. Nos encontramos con más personas, una de las cuales parecía ser el guía. Nos dió las indicaciones, subimos a otro vehículo y nos llevó al lugar. El compendio era titánico y el gentío ni hablar. Me mantuve con el grupo, no había mucho que decir, pero sí mucho que ver. Al rato tomamos asiento y esperamos con calma a que las cosas se normalizaran. Abrí un libro digital y lo ojeé por un rato, me costaba adentrarme en la historia. Cundió el silencio, guardé.

La presentación fue muy publicitaria, los aplausos siempre me agradaban, en cierto punto sirvieron unas bebidas, revitalizantes. Me levanté al baño, aún me era poco natural verme tan distinto en el espejo. Regresé por los pasillos y escuché un tanto distante una breve rodaja de conversación: – ¡Que maravilla! Eso, una bebida energética diaria y tendrás perfecto control de tu memoria. – Así es, había otra propuesta pero no les conviene, por lo mismo, creo que quedará sepultada. – ¿Qué? ... Seguí de largo, al asiento.

El lanzamiento fue memorable, las palabras inspiradoras y en general, el trato fue bueno. Más adelante procedimos a la celebración. Mucho menos teatral, con una banda de jazz tropical en el fondo. Todo elitesco. Vi a mi jefe y me invitó a saludar a sus camaradas: su mujer, otros señores. Me felicitó y dijo que era un eslabón importante para el nuevo producto. Todos rieron de gracia. Era entretenido, pero los vientos ya se agitaban en mi mente.

Ya a media noche, el sueño avanzaba en una conversación sobre una de las mesas, a decir verdad hubo al menos tres conversaciones simultáneas y una gran variedad de dispositivos, holgados sobre el mantel o danzando sobre las palmas. Conocí a unas chicas muy lindas, lucidas en sus pintas por regalos de la herencia o por sus títulos. Ya cuando aguantaba menos, subimos un grupo por las escaleras y nos dividimos, cerré mi puerta, me di un baño rápido y con el mínimo de ropa fui a donde me esperaba un nuevo amanecer.

Llegó en unas horas. El festival duró al menos día y medio más, hasta que tomamos un vuelo de regreso. Entre tanto, las noticias sobre mis trabajos agazapaban mi vanidad y despertaban mi chovinismo, que había estado más que dormido. Ya en mi hogar, llamé al consuelo de mis penas, esa mujer que me ha levantado tantas veces (inserte aquí sus suspiros), y le comenté sobre mi reciente paranoia. Decía que me calmara y que aceptara que las cosas sucederían, además, algo bueno quedaría de todo eso, algún aprendizaje, pero ¿Y mis notas? Eran propiedad de la empresa, a futuro haría falta una alternativa al desastre anunciado.

Las políticas de la organización eran mortales con los residuos intelectuales, había que mantener los asuntos: internos. Algo debía irse conmigo, por las razones que fueran, debía sacarlo. En las instalaciones, miraba entre parpadeos los lugares que menos había visitado, sabía que algunos pasillos llevaban a salidas dentro de la ciudad, había suficiente información confidencial accesible a los empleados como para saber que la organización se infiltraba debajo de las calles y rieles. Un día decidí ir en bicicleta a una de las entradas del sur, pasaban cerca del metro. Ya dentro, vi más entradas que se vertían en ese punto y decidí observar, había una particularmente oscura, pero a donde fuera había mucha vigilancia.

En el escritorio, jugando a completar mi experimento con simulaciones y anotaciones, me llevé las manos a la cabeza y dejé escapar una mirada de cansancio y agonía. Necesitaba llevarme esto. Esa noche conversé por un sistema cifrado con mi compañero del laboratorio sobre el infortunio y, con un impulso de rebeldía, hicimos un plan para sacar los datos. Cerca de la hora del mediodía, apague el dispositivo y lo inicié desde otro de mis sistemas operativos cargados en ram, tomé una de mis llaves y la extendí hasta un puerto, cifré mi versión del proyecto y la extraje. Salí de la oficina y escuché un breve «BEEP» inesperado, se me aceleró el corazón, ya era evidente. Me agaché por la puerta pequeña, entré a la habitación oscura y salí por la puerta, me saludaron los guardias, hicieron como que me iban a preguntar pero yo les pregunté antes que si sabían a que hora abriría una tienda cercana a donde me llegaría un paquete urgente, troté por el vestíbulo y me deslicé en el suelo resbaladizo, la luz natural me cubría, giré y vi primero el largo camino de plantas que dirigía a los laboratorios ecológicos, me confundí, me volví hacia la entrada, fui trotando hasta un vehículo que llegaba manejado por mi compañero, entré a penas pude y coloqué la dirección del aeropuerto en el celular. Avanzamos, yo respirando para bajar la tensión.

En el semáforo nos detuvimos. Casi como si estuviese en Venezuela, frente a la cola se pararon dos bromistas a hacer trucos, con un megáfono decían – ¡Hoy les tenemos un espectáculo de agua! ¡Tierra, aire y fuego! ¡Abróchense los cinturones! – comenzaron a bombardear los carros con agua y a lanzar llamaradas al aire, el vidrio delantero se empapó y sentí el calor dentro del carro, dejé de ver hacia adelante mientras corría el agua, el sonido que sentía era cada vez más grave. Tomé mi celular y no había señal, vi la fecha y decía “Miércoles, 24 de Septiembre” – Está malo. – Dije. Mi amigo estaba intrigado también – ¿Qué hacemos, tío? – Vi por la ventana que se había inundado el lugar, afuera el agua casi llegaba a mis codos, los carros empezaron a flotar, me pregunté cómo demonios habían conseguido el permiso para hacer ese desastre. Veo a mi amigo y me dice – Estos son los que nos están buscando, hacen esto para inmovilizarnos, ¡Vienen por nosotros! – Me alteré, me desvanecí...

Volví a ver la luz del día, debajo de mi cobija. Estaba en mi habitación en Venezuela, pero sentía que despertaba en una camilla, en una clínica extraña. Parpadee, me levanté, fui a lavarme la cara y a cepillarme, era yo en el espejo. Cerré los ojos y empecé a oler una tortilla, escuché cubiertos y a mi familia conversando.

¡Feliz fin de semana! :)

by-nc-sa Daniel Rodríguez.
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Como buen siervo de la noósfera que soy, cada par de días (o bien, cuando provoque) escrutinio un compendio de fuentes informativas, la mayoría filtradas (de tanta basura existente en las redes) en una bonita lista de autores, técnicos, periodistas, dramaturgos, poetas y demás, quienes narran desde perspectivas distántemente distintas el progreso del pensamiento (del que me gusta) sobre nuestra pelotica de tierra. Sin embargo a veces no basta con fuentes calificadas, el popurrí de las comunidades abiertas siempre deja buenas sorpresas, por lo que también reviso la vox populi que corre – indetenible – sobre las redes sociales (comunes y no comunes, con su mayor exponente), en especial, mi eterna fuente de sonrisas: Reddit.

Así pues, hoy conseguí una maraca de vídeo (hilo), una joya de esos instructivos de marcadores sobre pizarras y voces precisas, tratábase de “Science Of Persuasion” (La Ciencia de la Persuasión), un digerido de publicaciones científicas sobre cómo persuadir, entregados al público con una sencillez tremenda.

¿Cómo no compartirles algo así? Pensé tuitearlo, pero enseguida recordé los reviews de Isomorphismes y me propuse componer una lista con las notas principales del vídeo, es más, me indiqué hacerlo costumbre y entregarles a ustedes, de vez en cuando, mis anotaciones sobre vídeos y documentales, así como otras experiencias que quiera amplificar.

He aquí el resultado:

  • Los principios de la persuasión son seis: Reciprocidad, escasez, autoridad, consistencia, simpatía y consenso.
  • Reciprocidad: Somos más propensos a decir que sí a quienes les debemos. Cuando sujeto uno le hace un favor a sujeto dos, el sujeto dos siente que debe devolver el gesto y está dispuesto a complacer más a sujeto uno. La mejor manera de aprovechar este principio es: ”Se el primero en entregar, ofrece algo personalizado e inesperado”.
  • Escasez: Queremos más de lo que hay menos. Así como las teorías económicas se basan en la idea de que los recursos son escasos y las necesidades infinitas, está bastante claro que valoramos más los tratos especiales y la exclusividad, pero es natural, lo que es difícil de conseguir, o lo que es fácil de perder, es más costoso para nosotros y por ende, lo valoramos más. Para persuadir bajo este principio es necesario: “Resaltar los beneficios, lo que hace a nuestra propuesta única y dar a conocer lo que se perderán de no aceptarla”.
  • Autoridad: Seguimos el liderazgo de expertos reconocidos. Ayuda mucho presentarse colocando adelante los méritos y logros que hemos tenido, sin embargo no tiene porqué ser uno mismo, basta con un anuncio que lo indique y que esté a la vista, o que sean expresados por quien nos introduzca (como puede serlo: una secretaria, un conocido, en realidad cualquier persona).
  • Consistencia: Nos gusta ser consistentes con las cosas que hemos dicho o hecho. ¿Más vale malo conocido que bueno por conocer? Al menos así dicen, yo no se si estar de acuerdo, el placer de experimentar es también un riesgo y mientras más regaños nos eche el destino, menos nos provocará inventar, el asunto es que nos gusta harmonizar con los criterios que vivimos, digamos, es razonable. El vídeo expresa que para aprovechar este principio lo recomendable es: “Buscar actividades en las cuales las personas puedan sentir que se comprometen con la idea, tal como hacerles firmar o algo que pueda ser visto, donde diga que esta persona está participando en...”
  • Simpatía: Preferimos decir que sí a quienes les tengamos simpatía. Nos gustan personas similares, personas que nos paguen con elogios y personas que cooperen con nosotros, así que lo mejor que podemos hacer es ser amigables, ofrecer un buen trato, ser corteses, agradables, ofrecer sonrisas y dar confiabilidad, por ejemplo, contando un poco sobre nosotros, lo que nos gusta y qué hacemos, de modo que otros se sientan cómodos como para recompensarnos con el mismo trato :)
  • Consenso: Observamos el comportamiento de otros para determinar el nuestro. Vivimos en una sociedad, buscamos la aceptación de todos, queremos sentirnos parte de un grupo, así sea el de los inconformes, por lo que existen convenciones sociales, códigos de conducta y reputación. Eso nos hace más condescendientes, cuando el grupo al que pertenecemos decide aceptar una propuesta, nos provocará seguirles. Para aprovechar esto, la recomendación del vídeo es: Entregar información sobre cómo otros aprecian o hacen uso de nuestras propuestas.

Habiendo visto el vídeo y escrito esto, se me ocurren unas cuantas ideas, partiendo del ejemplo que presentan en el que una comunidad decidió aprobar una ley de transito por haber compartido antes la idea de colocar en sus casas un avisito que decía "yo manejo bien", imagínense qué podríamos hacer en Venezuela si colocáramos "yo respeto a mis vecinos", si se llegase a hacer moda, quizás veríamos una mejora consistente en el respeto a la propiedad privada, o menos contaminación sonora, creo que podemos empezar todos en las organizaciones a las que pertenecemos, ¡pero con nuevas ideas!, con un cuadro de "mejor del mes" se hace más bien una competencia donde siempre uno será el mejor, sin embargo se pueden idear otros modelos, donde todos tengan la oportunidad de ganar, ¿qué pasaría si se entregan calcomanías o medallas a quienes lleguen temprano?, ¿o a quienes hagan un trabajo de calidad?, en las instituciones educativas se podrían entregar premios similares por haberse destacado en algún valor, como el respeto o el aprecio, ¡A lo scouts!

Considero que con propuestas así, de hacerse, se lograrían cambios sociales importantes sin tener que invertir en millones en campañas publicitarias o propagandísticas con fines populistas, incluso creo que por haber hecho eso mismo con antivalores es que vivimos como vivimos...

¿Qué les parece? Envíenme sus comentarios :)

Un abrazo.

by-nc-sa Daniel Rodríguez.